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El Almacén

EXP-317 · Historia oculta y arquitectura sagrada

Maldición de Tutankamón: Carter escribió a mano el nombre del periodista que la inventó

El estudio del BMJ contó a los 25 que entraron: murieron a los 70 de media, cinco menos que los que no entraron. Y Carter dejó por escrito quién la inventó.

Desclasificado Apertura 28 de agosto de 2026 Revisión 28.08.2026 7 min · 10 fuentes
Exclusive to The Times, Public domain (Wikimedia Commons)
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Folio 1 · EXP-317 Copia de consulta

El 21 de enero de 1934, Howard Carter escribió a mano desde Luxor una frase que no esperaba que leyera nadie más que la destinataria: "The 'Tutankhamun Curse' was his invention". La maldición de Tutankamón, decía, era el invento de un hombre concreto.

Ese hombre acababa de morir y se llamaba Arthur Weigall, egiptólogo y corresponsal del Daily Mail. Carter atribuyó sus invenciones a "despecho, una especie de venganza" contra Lord Carnarvon, y remató con el detalle que lo explica todo: Weigall "nunca estuvo en la apertura del descubrimiento", fue "el último de los corresponsales en llegar".

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Mientras tanto, el hombre que abrió el cuerpo del faraón con un escalpelo y lo manipuló durante nueve días vivió hasta los 86 años.

70 años frente a 75, y una p de 0,87

En 2002, alguien dejó de discutir anécdotas y se puso a contar. Mark R. Nelson, epidemiólogo de la Universidad Monash, publicó en el British Medical Journal un estudio de cohortes. Identificó a 44 occidentales que los escritos de Carter sitúan en Egipto durante la excavación y los partió en dos: 25 expuestos, presentes en las aperturas clave, y 19 no expuestos.

Los expuestos murieron a una media de 70 años. Los que estuvieron allí y no entraron, a los 75. La diferencia tiene una p de 0,87, que en estadística significa ruido.

El único factor significativo del estudio no tiene nada de sobrenatural: ser mujer. Ellas sobrevivieron 38 años de media frente a 21 los hombres. Nelson señala el sesgo: en los años veinte las acompañantes eran casi siempre esposas, sobrerrepresentadas entre los no expuestos. El hallazgo más sólido de un trabajo sobre la venganza de un faraón es que las mujeres viven más.

No nació en Egipto, nació en una redacción sin acceso

Carnarvon vendió la exclusiva mundial de la excavación al Times de Londres por 5.000 libras más el 75 % de la reventa al resto del planeta. Los demás periódicos quedaron fuera de la noticia arqueológica del siglo, y Weigall cubría el yacimiento para la competencia.

Sin acceso y sin material, la prensa apartada fabricó la historia por otro lado. La chispa la puso una novelista: en marzo de 1923, Marie Corelli, de las autoras más vendidas de su época, escribió al New York World advirtiendo del castigo que caería sobre quien saqueara una tumba egipcia, y decía que ya había avisado a Carnarvon.

Carnarvon murió menos de dos semanas después, el 5 de abril de 1923, en el hotel Continental-Savoy de El Cairo: neumonía sobre una erisipela y una septicemia, originadas en la picadura infectada de un insecto que se reabrió al afeitarse. Arrastraba desde 1901 el pulmón roto por un accidente de coche, y por eso invernaba en Egipto. Había ido buscando clima seco, no tumbas.

La inscripción más citada del mundo no está en ninguna pared

"La muerte llegará con alas veloces a quien perturbe el descanso del rey". No aparece en ningún muro, ningún objeto ni ninguna ficha de la KV62. Ningún testigo presencial la recogió y Carter negó siempre que existiera. Salió en los periódicos de 1923, probablemente como traducción adornada de una fórmula del ajuar.

Y se puede comprobar, que es lo que hace único a este caso. El Griffith Institute de Oxford conserva unos 20.000 documentos de la excavación, y los diarios de las nueve temporadas, las fichas de objeto y las fotos de Harry Burton están en abierto. Ningún otro misterio de masas tiene su expediente colgado en internet. Pasa como con los expedientes ovni que el Ejército del Aire desclasificó y casi nadie ha leído: el archivo lleva años abierto y la leyenda circula más que él.

El hongo sí ha matado, pero en Polonia

El 13 de abril de 1973, un equipo autorizado por Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, abrió la cripta del rey Casimiro IV Jagellón en la catedral de Wawel. Diez de los doce que entraron murieron prematuramente, y la explicación que se impuso fue el hongo Aspergillus flavus, cuya carga en varias criptas polacas, medida en 2015, supera los límites de exposición laboral. Ese caso, y no el egipcio, sostiene la hipótesis biológica. En junio de 2025, el equipo de Sherry Gao aisló de ese mismo hongo unas moléculas nuevas, las asperigimicinas, que rinden contra células de leucemia al nivel de la citarabina.

Lo que falta por conseguir

  • La carta completa a Helen Ionides. Se vendió el 18 de marzo de 2026 en RR Auction, lote 213, por 16.643 dólares. Se publicaron fragmentos, no las tres páginas, y el comprador sigue sin identificar.
  • La lista original de Winlock. El primer recuento lo hizo en 1934 Herbert E. Winlock, del Metropolitan, en The New York Times. Las versiones coinciden en el numerador, seis muertos, y no en el denominador: 24, 26 o 40 nombres.
  • Rehacer la cohorte con las fechas del archivo. Nelson fijó cuatro momentos de exposición y tres los sitúa uno o dos años tarde: el sarcófago se abrió el 12 de febrero de 1924, los ataúdes en octubre de 1925 y la momia en noviembre de 1925. No cambia la conclusión, pero hasta el estudio que desmonta la leyenda usó cronología de segunda mano con el expediente a un clic.

La medición existe, está publicada y cualquiera puede repetirla. Circula menos que el cuento, igual que los dos peritajes de la tilma de Guadalupe. Cuando un archivo se abre entero, la maldición no desaparece. Se queda ahí, intacta, esperando a que nadie mire.

Fuentes de este expediente

  1. Mark R. Nelson, "The mummy's curse: historical cohort study", British Medical Journal, 21 de diciembre de 2002, vol. 325 (7378), pp. 1482-1484, doi 10.1136/bmj.325.7378.1482.
  2. Griffith Institute, University of Oxford, Tutankhamun Archive y Tutankhamun Spatial Archive (tutankhamun.griffith.ox.ac.uk): diarios de las nueve temporadas, fichas de objeto y ficha biográfica de Douglas E. Derry, signaturas TAA.
  3. Carta autógrafa firmada de Howard Carter a Helen Ionides, Curna (Luxor), 21 de enero de 1934, lote 213 de RR Auction #737, vendida el 18 de marzo de 2026; cobertura de Artnet News.
  4. Herbert E. Winlock, recuento publicado en The New York Times, 1934, citado en Nelson (2002) y en Jo Marchant, "The Shadow King", 2013.
  5. Roger Luckhurst, "The Mummy's Curse: The True History of a Dark Fantasy", Oxford University Press, 2012.
  6. Obituario de Lord Carnarvon en Nature, vol. 111, p. 504 (1923); necrológicas de The Times y The Guardian, 5 y 6 de abril de 1923.
  7. Nature Chemical Biology, 23 de junio de 2025: asperigimicinas aisladas de Aspergillus flavus, equipo de Sherry Gao, University of Pennsylvania.
  8. Journal of the Air and Waste Management Association, 2015: medición de carga fúngica en criptas polacas, catedral de Wawel incluida.
  9. Ross Fellowes, Journal of Scientific Exploration, abril de 2024, hipótesis de radiación en tumbas egipcias.
  10. Exposición "Tutankhamun Centenary 1922-2022", University of Washington, sección "The Times of London"; Julie Hankey, "A Passion for Egypt: A Biography of Arthur Weigall".
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