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El Almacén

EXP-240 · Religiones y textos sagrados

Virgen de Guadalupe: los dos peritajes de la tilma dicen que parte la pintó alguien

En 1666, siete pintores y tres médicos peritaron la tilma bajo juramento. En 1982 un restaurador del INAH la miró al microscopio y firmó justo lo contrario.

Desclasificado Apertura 28 de agosto de 2026 Revisión 28.08.2026 6 min · 10 fuentes
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Folio 1 · EXP-240 Copia de consulta

El 28 de marzo de 1666, tres protomédicos de la corona firmaron en Ciudad de México un dictamen sobre un trozo de tela. Aquel ayate de fibra vegetal tendría que estar podrido, decían: humedad, salitre y aire corrosivo del Tepeyac. Y anotaron un detalle que hoy casi nadie repite. Lo único estropeado era el oro de los rayos y la plata de la luna, lo que un devoto había añadido después con pincel.

Trescientos trece años más tarde, un biofísico apuntó una cámara de infrarrojos a la misma tela y trazó exactamente la misma frontera.

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Lo de 1666 no fue una encuesta piadosa, fue un juicio

El cabildo metropolitano constituyó el tribunal el 19 de diciembre de 1665 y los interrogatorios corrieron del 3 de enero al 14 de abril de 1666. El objetivo era burocrático: que la Congregación de Ritos de Roma concediera misa y oficio propios el 12 de diciembre. Declararon 8 testigos indígenas de Cuautitlán, el pueblo de Juan Diego, 12 de origen español, 7 maestros pintores y 3 protomédicos como peritos.

Ninguno vio nada en 1531. Habían pasado 135 años y los de Cuautitlán tenían entre 78 y más de 110. Lo que el expediente recoge, con todo su valor legal en su época, es tradición oral de segunda y tercera mano. La divulgación devocional lo presenta como testimonio directo.

De ahí sale algo que rara vez se saca. Desde 1983 circula que las estrellas del manto reproducen el cielo del solsticio de 1531, pero Callahan, la autoridad que citan esos mismos divulgadores, las clasificó como añadido humano. Los dos argumentos van juntos en casi todos los vídeos y son incompatibles.

Los pintores, y el nombre que no cuadra

Los siete pintores de 1666 concluyeron que ningún artista humano podía pintar aquello sobre una tela tan basta y sin aparejo. Conviene leerlo por lo que es: opinión de gremio, no medición. En 1751, Miguel Cabrera repitió la inspección con otros seis y publicó lo mismo.

El problema es cronológico. El documento más antiguo que menciona la imagen no cuenta ninguna aparición: acusa a un pintor con nombre. El 8 de septiembre de 1556, el franciscano fray Francisco de Bustamante predicó ante el virrey que el culto del Tepeyac era idolatría y que aquella imagen la había pintado un indio llamado Marcos. Montúfar, el arzobispo, mandó abrir información. Sigue siendo el único documento del XVI que ata un nombre a la pintura, identificado por la historiografía con Marcos Cípac de Aquino.

El relato completo de las apariciones se imprime por primera vez en 1648, 117 años después. El Nican Mopohua sale al año siguiente y su atribución a Antonio Valeriano no está probada: Sousa, Poole y Lockhart concluyeron en 1998 que lo más razonable es que Lasso de la Vega lo redactase a partir del libro de Sánchez. Que un texto llegue retocado por manos posteriores pasa también con el único párrafo sobre Jesús de Flavio Josefo, y no invalida la devoción de nadie.

El peritaje moderno dice lo contrario y no se publicó

En noviembre de 1982, José Sol Rosales, director del Centro de Registro y Conservación del INAH, examinó la tela con estereomicroscopio antes de reencuadrarla. Describió una paleta limitada del XVI (negro de hollín de pino, tierras, carmín, azul y oro) sobre preparación blanca y con técnica de temple, contó entre 10 y 13 hilos por centímetro y concluyó obra de mano humana. Su informe no se difundió: partes salieron en la revista Proceso en 2002, números 1332 a 1334, firmadas por Rodrigo Vera, durante la canonización de Juan Diego.

Ni siquiera está cerrado de qué está hecha la tela. En 1946, un análisis atribuido a Isaac Ochoterena concluyó agave. Sol Rosales dijo mezcla de lino y cáñamo. José Ignacio Bartolache, que en 1787 colgó dos copias sobre ayate en el Tepeyac para ver cuánto aguantaban (una década), sostenía que era iczotl, fibra de palma silvestre. Tres peritajes, tres materiales, ninguna analítica independiente que arbitre. Y el argumento de la conservación imposible tiene 240 años: lo estrenó un médico, no un sacerdote.

Lo que falta y a quién pedírselo

La prueba que zanjaría esto en una tarde no se ha hecho. No existe ninguna datación por carbono 14 publicada de la tilma. Ni apologistas ni escépticos la citan, porque no la hay, y separaría un lienzo de 1531 de uno de mediados de siglo sin discusión.

Hay dos documentos que pedir. El informe íntegro de Sol Rosales de 1982, reclamable al INAH. Y el expediente original de 1666, localizado en 2001 en el Archivo Histórico de la Basílica y editado en 2002 por Eduardo Chávez Sánchez, canónigo de la basílica y a la vez postulador de la canonización que se cerró ese año. Nadie ha probado nada irregular ahí, pero la coincidencia se anota.

Queda la lección de siempre, la misma que dejó el aceite de ricino con el que ablandaron los rollos del mar Muerto antes de datarlos: cuando la prueba se manipula durante siglos antes de que llegue el método, la respuesta ya no depende de la tela, sino de lo que cada uno traiga puesto al mirarla.

Fuentes de este expediente

  1. Informaciones Jurídicas de 1666, Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe; edición dirigida por Eduardo Chávez Sánchez, 2002.
  2. Fortino Hipólito Vera, Informaciones sobre la milagrosa aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, recibidas en 1666 y 1723, 1889.
  3. Información mandada practicar por el arzobispo Alonso de Montúfar sobre el sermón de fray Francisco de Bustamante del 8 de septiembre de 1556, publicada en 1888 y reeditada por el FCE en 1982.
  4. Miguel Cabrera, Maravilla americana y conjunto de raras maravillas, México, 1756.
  5. José Ignacio Bartolache, Manifiesto satisfactorio (opúsculo guadalupano), México, 1790.
  6. Philip Serna Callahan, The Tilma under Infra-Red Radiation, CARA, Georgetown University, 1981.
  7. Rodrigo Vera, serie sobre el informe de José Sol Rosales, revista Proceso, núms. 1332, 1333 y 1334, 2002.
  8. Lisa Sousa, Stafford Poole y James Lockhart, The Story of Guadalupe, UCLA Latin American Center y Stanford University Press, 1998.
  9. Joe Nickell y John F. Fischer, The Image of Guadalupe, Skeptical Inquirer vol. 9 núm. 3, 1985.
  10. Comisión histórica de la Santa Sede presidida por Fidel González Fernández, El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, 1999.
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