29 de noviembre de 1947. Eleazar Sukenik, profesor de la Universidad Hebrea, coge un autobús a Belén para comprar tres rollos de piel que un anticuario le ha enseñado envueltos en trapos. Esa tarde anota en su diario que está leyendo un texto hebreo que nadie ha leído en dos mil años. De fondo, la radio da el resultado de la votación de la ONU sobre la partición de Palestina.
Ningún arqueólogo había pisado la cueva. Los primeros rollos los sacaron pastores beduinos de la tribu ta'amireh en el invierno de 1946 y acabaron en un anticuario de Belén: cuatro para el metropolitano sirio Mar Samuel, tres para Sukenik. La excavación oficial de la cueva 1 no llegó hasta 1949. Dos años tarde.
300 x 250
El dato que casi nadie cuenta. Los quince mil fragmentos de la cueva 4 se compraron a los beduinos a tanto el centímetro cuadrado. Un sistema que premiaba romper el rollo en trozos antes de venderlo.
Novecientos manuscritos, y solo una cuarta parte son Biblia
De esos fragmentos se han reconstruido más de 900 manuscritos. Están todos los libros de la Biblia hebrea salvo Ester, pero lo bíblico es una cuarta parte: el resto son reglas de comunidad, calendarios, himnos y apocalipsis que no entraron en ninguna Biblia. Ninguno es original. Todos son copias.
Lo que cambiaron no es lo que se repite
La versión popular dice que los rollos desmontaron la Biblia. Es al revés: la estabilidad del texto salió reforzada. Lo que cayó fue la idea de que en el siglo I existiera una sola Biblia.
En Qumrán conviven al menos cuatro familias de texto: la protomasorética, que dio la Biblia hebrea de hoy, otra próxima al Pentateuco samaritano, otra que coincide con la griega de los Setenta y un grupo que no encaja en ninguna. El caso más duro es Jeremías. En la cueva 4 hay copias hebreas de un Jeremías corto, con capítulos en otro orden: la versión griega breve no era el resumen de un traductor perezoso, sino una edición hebrea real que circulaba en paralelo con la larga.
El rollo de los Salmos de la cueva 11 trae otro orden y composiciones de más, entre ellas el Salmo 151, tenido por añadido tardío de los cristianos griegos. En hebreo, en Judea, antes del año 70.
La datación, reabierta dos veces
Hubo dos series de carbono 14, Zúrich (1991-1992) y Tucson (1995), que situaron el conjunto entre el siglo III antes de Cristo y el I después, en línea con la paleografía. El problema llegó por detrás. En los años cincuenta, en el Museo Rockefeller de Jerusalén, el equipo editor ablandaba los fragmentos con aceite de ricino. Trabajos en Radiocarbon demostraron después que la limpieza estándar ácido-álcali-ácido no garantiza retirarlo, y que cualquier resto empuja las fechas hacia años más recientes de lo real.
El 4 de junio de 2025 se abrió la segunda vez. Mladen Popović y su equipo, de la Universidad de Groninga, publicaron en PLOS ONE un modelo llamado Enoch: regresión bayesiana sobre los rasgos de la letra, entrenado con 62 imágenes de tinta de 24 rollos ya datados. Error medio, de 27,9 a 30,7 años. Aplicado a 135 manuscritos sin datar, muchos salieron entre 50 y 100 años más antiguos de lo que se creía. Daniel y Eclesiastés se irían al tiempo de sus supuestos autores, algo que la crítica textual llevaba un siglo dando por imposible.
Nadie sabe quién los escribió
La palabra esenios no aparece escrita en ninguno de los 900 manuscritos. La hipótesis clásica, la de Roland de Vaux, convierte Qumrán en un monasterio esenio apoyándose en Plinio, Flavio Josefo y Filón de Alejandría, autores externos, no en los propios textos. Norman Golb replicó que la colección es demasiado variada para un solo grupo: bibliotecas evacuadas desde Jerusalén. Magen y Peleg, tras excavar diez años, vieron un taller alfarero. Ninguna versión ha ganado.
Tampoco hay una línea sobre Jesús. La única candidata es 7Q5, un papelito de dieciocho letras griegas que el jesuita José O'Callaghan identificó en 1972 con Marcos 6, 52-53. La papirología lo rechazó entonces y lo sigue rechazando: la lectura clave depende de una letra dudosa. Falla lo mismo que al buscar pruebas de Jesús fuera de la Biblia: no faltan textos, falta procedencia.
Y el Vaticano no escondió nada. El retraso fue real y vergonzoso: cuarenta años de monopolio sobre la cueva 4, rotos el 22 de septiembre de 1991, cuando la Huntington Library abrió sus fotografías de seguridad a cualquier investigador. La conspiración vaticana tiene autor y fecha: Michael Baigent y Richard Leigh, 1991. Cogieron un escándalo académico y le montaron encima uno doctrinal. La lista de libros que hoy llamamos Biblia tampoco se decidió así, como se ve al rastrear quién apartó los evangelios apócrifos.
Lo que falta y a quién pedírselo
Tres frentes siguen abiertos. Uno, el rollo de cobre 3Q15, serrado en tiras en Mánchester con un torno de dentista, que lista más de sesenta escondrijos de oro y plata con referencias geográficas: no se ha localizado ni uno solo. Dos, las falsificaciones: en marzo de 2020, Art Fraud Insights concluyó que los 16 fragmentos del Museum of the Bible son falsos, todos, y la sospecha alcanza a los más de setenta aparecidos desde 2002. Tres, las cuevas: la 12, excavada en 2017, salió con las jarras rotas y vacías y dos picos de los años cincuenta escondidos dentro.
El documento que movería el expediente es una serie nueva de carbono 14 sobre fragmentos que nunca pasaron por el Museo Rockefeller, sin ricino encima, para contrastarla contra Enoch. Y el papeleo de compra de lo aparecido desde 2002: quién vendió, a quién y con qué procedencia.
Fuentes de este expediente
- M. Popović, M. Dhali, L. Schomaker et al., Dating ancient manuscripts using radiocarbon and AI-based writing style analysis, PLOS ONE 20(6): e0323185, 4 de junio de 2025.
- Israel Antiquities Authority, Leon Levy Dead Sea Scrolls Digital Library, deadseascrolls.org.il, fichas oficiales e imágenes de los manuscritos.
- Discoveries in the Judaean Desert, Oxford University Press, 40 volúmenes, 1955-2009 (rollo de cobre 3Q15 en el vol. III, 1962; rollo de los Salmos 11QPs-a en el vol. IV, 1965).
- G. Bonani et al., Radiocarbon dating of the Dead Sea Scrolls, Zúrich, 1991-1992, y A. J. T. Jull et al., Radiocarbon 37, Tucson, 1995.
- K. L. Rasmussen et al., The effects of possible contamination on the radiocarbon dating of the Dead Sea Scrolls I y II: Castor oil, revista Radiocarbon, Cambridge University Press.
- Art Fraud Insights (Colette Loll), informe científico sobre los 16 fragmentos del Museum of the Bible, Washington, 13 de marzo de 2020.
- Israel Antiquities Authority, anuncio de los fragmentos griegos de Zacarías y Nahúm en la Cueva del Horror de Nahal Hever, 16 de marzo de 2021.
- Universidad Hebrea de Jerusalén, Instituto de Arqueología, excavación de la cueva 12 de Qumrán (Oren Gutfeld y Ahiad Ovadia), febrero de 2017.
- Y. Magen y Y. Peleg, The Qumran Excavations 1993-2004: Preliminary Report, Judea and Samaria Publications 6, IAA, 2007.
- E. Tov, Textual Criticism of the Hebrew Bible, 3ª edición revisada, Fortress Press, 2012.
- R. de Vaux, Archaeology and the Dead Sea Scrolls, Schweich Lectures 1959, edición de 1973; N. Golb, Who Wrote the Dead Sea Scrolls?, Scribner, 1995.
- The Wall Street Journal, anuncio clasificado del 1 de junio de 1954; Museo de Israel, historia de adquisición del Santuario del Libro.
- Anuncio de William A. Moffett, Huntington Library, 22 de septiembre de 1991 (UPI, Deseret News, The Seattle Times).
- Tribunal Supremo de Israel, Qimron contra Shanks y otros, C.A. 2790/93 y 2811/93, sentencia del año 2000.
